Oh, María, Madre y modelo de la Iglesia.
Virgen oyente, Virgen orante,
Virgen fecunda, Virgen oferente, Virgen vigilante,
esposa, madre y reina.
Tú aceptaste al Verbo con inmaculado corazón,
lo concebiste en tu seno virginal,
y, al darlo a luz, preparaste el nacimiento de la Iglesia.
Tú, junto a la cruz,
aceptando el testamento del amor divino,
tomaste como hijos a todos los hombres,
nacidos a la vida sobrenatural
por la muerte de Cristo.
Tú, esperando con los apóstoles la venida del Espíritu,
uniendo tus oraciones a las de los discípulos,
te convertiste en el momento de la Iglesia suplicante.
Desde tu Asunción a los cielos,
acompañas a la Iglesia peregrina con amor materno,
y proteges nuestros pasos hacia la patria celeste,
hasta la venida gloriosa del Señor.
A ti acudimos en este día,
y te encomendamos la celebración y el fruto
de la próxima Asamblea del Sínodo de los Obispos,
para que la Iglesia, a impulsos del Espíritu,
crezca en comunión, en participación y en espíritu de misión.
Lleva esta humilde súplica a tu Hijo,
para que Él la presente al Padre,
y no nos abandones a nosotros,
para que siempre y en todo momento
podamos hacer lo que Él nos diga.
Que el Espíritu, que fecundó tus entrañas
por la escucha y obediencia de la fe,
siga renovando y rejuveneciendo la Iglesia
por los caminos de la comunión y la unidad.
Amén.